EXHIBITION: Jose Enrike Urrutia Capeau

Jose Enrike Urrutia Capeau
Jose Enrike Urrutia Capeau
Ilustre Colegio de la Abogacía de Bizkaia
Joseba Sarrionandia

Dicen que la casa Ebro ya no está frente al puente vigilando la entrada de Yurreta, pero es allí donde yo me imagino a Jose Enrique, en pantalones cortos y con un libro ilustrado entre las manos, pasando las hojas, dibujando las aguas de color herrumbre del río Ibaizabal y escribiendo en el margen sobre la velocidad de los coches que pasan por la carretera general, y luego no necesito imaginar, porque lo recuerdo perfectamente corriendo 100 metros libres en el patio del colegio de los Jesuitas, como entrenando para escaparse del franquismo y del reino de la majadería, lo que luego ha resultado no ser una carrera de 100 metros, sino que nos ha tocado un maratón interminable, y entonces empezó a leer, y a jugar al futbol como extremo derecho para chutar contra las casas del millón, y fumando a escondidas celtas sin filtro o tabaco rubio, aprendiendo francés con el padre Daguerre y pintando en la niebla, formas y manchas como las de Joan Miró que Jose Julian interpretaba mirándolas cabeza abajo, y creo que estudió Derecho para dejar conforme a su padre, y por eso se ponía a beber el anochecer de Deusto de bar en bar, en alegre compañía, o conspiraba al amanecer con el elefante enamorado del milímetro, en busca de la luz, y un día nos llevó a Barcus, Soule, contándonos que de aquellas laderas emanaba una luminosidad especial, y allí nos sentíamos como en casa jugando con las palabras que nos habían arrancado de la lengua en la infancia, es por eso que el vascuence de Jose Enrique tiene la sonoridad del de Yurreta y del de Barcus, y también la resonancia de las osamentas de Momoitio y de los arroyos de aguanieve del Roncal, y como la búsqueda de la luz tiene sus rutas extravagantes, participó en 1981 en el golpe de estado de Tejero encuadrado en un tanque, pero una vez recuperada su soberanía personal se fue a Tánger a seguir buscando luz y a fumar chocolate, y tenemos en la sala un cuadro pintado entonces y parece que está si acabar, pero es que la gente de la casa se bebían la luz, y después, para continuar con el repaso de su vida, resulta que Jose Enrique se perdió tras el rastro de Karmelo en el secreto archipiélago de la abuela, cuando los cocuyos todavía volaban sobre el muro del malecón, y el Cristo de Casablanca esquivaba los tormentosos relámpagos de las tarde de verano como esquiva el boxeador los guantazos de su rival, y así fue como llegó con el tiempo a la bahía de Jururú, al lugar más hermoso y placentero que ojos humanos hayan visto, donde el sol es del tamaño del casabe, tal como José Enrique lo pinta en sus cuadros, y por ahí ha andado en los últimos años, analizando la ciguatera con la objetividad de la observación, calculando el color de la sombra del flamboyán con la subjetividad de la geometría, reflexionando sobre los caminos sin fin del mundo de los sueños, discutiendo con los guajiros sobre la sabiduría en otras grandes civilizaciones, y emborronando panfletos sobre política y arte con Hatuey, que tiene 12 grado, es decir, convirtiendo la realidad en pintura y en literatura y además, transformando en realidad pintura y literatura, y como ha aprendido a embotellar la luz, o sea, a encuadrar la luz de Jururú, ha empezado a llevar un poco de luz para ahí, porque, aunque parece ser que la casa de Ebro ya no existe, Jose Enrique vuelve de vez en cuando a Yurreta y Durango, en el día de Todos los Santos y alguna otra vez, con sus luces extrañas, es que ya sabéis lo que dijo José Martí, que tenía dos patrias, Cuba y la noche, pero Capeau tiene más patrias que Jose Julian, el País Vasco y Cuba, tiene la noche y la luz, tiene la pintura y la literatura, tiene deudas con el pasado y tiene alegría, y es que, además, gestiona una empresa de exportaciones e importaciones imaginarias, trae anzuelos de colores a las radas de Oriente y lleva para ahí a cambio luz enmarcada, tanta como para que haya para todo el mundo, luz de Jururú, que se bebe como vino de Jurançón o como ron de Santiago, no hay motivo para pensar que la luz de Jururú no sea beneficiosa para el cuerpo o para el espíritu, a ver, ahí tenéis la exposición, abrid los ojos y tomad sin miedo de la luz que fluye de los cuadros, ahí tenéis las formas y los colores y, recordando aquella invitación que Jose Enrique nos hacía a la entrada de un cuento, con una cita de François Rabelais, «Lagonak, edatera!», pues eso, «¡Amigos, a beber!», toda esa luz de los cuadros que se bebe por los ojos.
Opening: 06/02/2020
From: 06/02/2020
Until: 30/04/2020
Schedule: Monday to Friday 9.00am - 21.00pm
Location: Rampas de Uribitarte, 3

Date

06/02/2020 - 30/04/2020

Time

09:00 - 21:00

Location

Ilustre Colegio de la Abogacía de Bizkaia
Uribitarte Erranplak, 3, 48001 Bilbo, Bizkaia
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